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24-11-2009

Aproximación a la religiosidad popular

APROXIMACIÓN A LA RELIGIOSIDAD POPULAR (1ª parte)


                     


                                                                por  Máximo Gálvez Samper


 


 


Pretender abordar, en los tiempos que corren, la “religiosidad popular” es un atrevimiento, una aventura que comienza, sin saber como puede terminar dada la complejidad de  elementos que intervienen, que van de lo racional a lo irracional, recorriendo toda una escala de estados emocionales, matizados por espacios, tiempos, individuos y comunidades humanas. Tantas variables hacen que la religiosidad popular se presente como un apasionado y atractivo calidoscopio, que nace en el mundo rural y encuentra en la naturaleza del campo su originalidad más rica.


 


          La primera tarea es dejar claro, qué entendemos cuando decimos: religión, popular, cristianismo, catolicismo, etc.


 


Religión: viene de “religare” que hace referencia a la actitud del que está atado, anudado a alguien. La religión en este sentido ata al hombre con algo o con alguien, en torno al cual gira y se encuentra atraído en todo momento o en momentos importantes de la vida (nacimiento, mayoría de edad, matrimonio, enfermedad, muerte, etc.)  La religión nos vincula a una realidad, que es previa a nuestra existencia personal, es una “realidad” personas o cosas, que dan sentido a nuestra vida.


 


La religión es importante como elemento de cohesión, especialmente porque garantiza que las personas se reúnan de forma regular para poner de manifiesto creencias y valores compartidos.


 


          Popular: es lo que se encuentra al alcance de todos (un espectáculo con precios populares) En el lenguaje político, serían todos los gobernados (la voluntad del pueblo) frente a los gobernantes. El pueblo es un conjunto de personas, que son de un lugar, que viven modestamente de su trabajo, que generalmente es físico.


 


           Nada hay más popular para un pueblo, que su propia lengua y costumbres (Ver “Montesnegros” Nº 13, Pág. 25)


 


         Cuando hablamos de religiosidad popular, entendemos el conjunto de “mediaciones” de todo tipo a través de las cuales un sujeto se pone en relación con lo trascendente, es decir, con aquello que está más allá de la naturaleza tangible. Las mediaciones  ponen en contacto al hombre con Dios, y no podemos olvidar, que la religiosidad del hombre es más antigua que el mensaje evangélico.


 


        En un sentido amplio y general, cuando hacemos alusión al concepto de “Religiosidad Popular” o “Catolicismo Popular” estamos haciendo referencia expresa a la religión que practica y profesa el “Pueblo” sin que ello  lleve consigo un enfrentamiento o distanciamiento con las autoridades eclesiásticas. 


               


         La religiosidad popular, responde a una religiosidad afectiva, donde su principal característica es exteriorizar y sacar a la calle sus más íntimos sentimientos, haciendo publica su Fe.


 


         Dentro de las distintas facetas que puede presentar la religiosidad popular, vamos a referirnos de manera  particular a la religiosidad de tipo colectivo,  como son, por ejemplo,  las Cofradías de nuestros pueblos: Santa Quiteria y San Urbez en La Almolda o San Benito en Monegrillo.


 


         Las Cofradías religiosas con sus imágenes, estandartes y banderas, se constituyen en un cauce organizado de la religiosidad popular. Tanto en la religiosidad  individual, como en las Cofradías, tienen un papel destacado las imágenes, ya que por medio de ellas se puede elevar el sentimiento religioso individual, por ese motivo es  importante esforzarse y procurar dar un sentido estético y expresivo a las representaciones religiosas.  Un ejemplo de este sentimiento religioso y de ese esfuerzo, lo tenemos en el municipio de La Almolda, con sus dos nuevas peanas procesionales.


 


Ante todo esto, se hace necesario reflexionar y hacer una sincera autocrítica, ante el “hecho” de que un  pueblo vive y se vuelca en las Fiestas de sus Santos Patronos, y pasada la Fiesta, durante el resto del año, apenas existe, la práctica religiosa.


 


Nos encontramos ante un gran desafío para la Iglesia, que debe intentar mantener esta “tensión” en equilibrio, para lograr un cierto grado de articulación social, porque para los cristianos de confesión católica, la religión que practicamos es, a la vez, un medio y un obstáculo, a la hora de relacionarse con Dios.